Sonda Foley e infección intrahospitalaria

 

La prevención de infecciones en el ámbito hospitalario se ha transformado en un tema de vital importancia para garantizar y asegurar que el servicio de salud cumpla con el objetivo de asistir al paciente y reducir los riesgos que puedan afectar su integridad durante todo el proceso de atención. Las infecciones asociadas a procedimientos invasivos son un factor importante que debe ser estudiado y minimizado al máximo.

La utilización de sonda vesical es uno de ellos, debido a que predispone en gran medida el riesgo de infección urinaria. La predisposición a una infección depende de muchos factores, pero el servicio de salud debe intervenir implementando una temprana metodología que permita disminuir el número de eventos.

 

La sonda de Foley cumple 80 años

La sonda vesical permanente fue diseñada por Frederick Foley en la década de 1930, pero se ha quedado atascada en un túnel del tiempo desde entonces. Fue pensada originalmente sólo para proporcionar hemostasia después de la cirugía transuretral de próstata. Su globo inflable era único, lo que permitía la retención de forma fiable en la vejiga. Ahora es el dispositivo médico implantado más comúnmente (100 millones al año) en muchos grupos diferentes de pacientes de todo el mundo en un momento dado.

Esquema de una sonda Foley implantada

 

Que tipo de complicaciones produce?

Desafortunadamente, su uso implica un riesgo de patologías graves que a menudo son difíciles de tratar. El catéter de Foley es la causa más común de infecciones en los centros sanitarios.

Los pacientes son muy vulnerables debido a que el catéter debilita las defensas que normalmente protegen la vejiga contra la infección. El llenado normal regular y la mecánica de vaciado de la vejiga ayuda para lavar las bacterias que contaminan el tracto urinario. El catéter de Foley, con drenaje continuo en una bolsa colectora, no permite que la vejiga se llene, y el globo de retención conduce a una colección de orina residual por debajo del nivel de drenaje en la punta del catéter.

Dado que la orina se escurre a través del catéter en lugar de fluir por la uretra, las bacterias pueden migrar sin obstáculos. En la vejiga, el residuo de orina es un excelente medio de crecimiento. Esto facilita la multiplicación rápida de enormes poblaciones de bacterias.

Otro problema sorprendentemente común es que cuando se inserta o se retira el catéter puede dañar el epitelio de la vejiga y de la uretra.  Las superficies mucosas traumatizadas son ideales para la colonización bacteriana y la infección.

La bacteriuria asociada al catéter es generalmente asintomática, pero las complicaciones graves puede incluir pielonefritis y shock endotóxico. La morbilidad y los costos de los servicios de salud son simplemente inaceptables.

 

Se puede mejorar este dispositivo?

Se han hecho muchos intentos para prevenir dicha infección, el uso de estrategias aparentemente racionales, como el uso diario de agentes antimicrobianos. Paradójicamente, los intentos más completos han sido menos eficaces. Debido a que el costo físico y financiero de las complicaciones es tan alto los objetivos han progresado hacia la incorporación de antibióticos o biocidas en los revestimientos de catéteres.

Un revestimiento resistente a la infección del catéter perfecto debería tener actividad antimicrobiana de larga duración contra una amplia gama de organismos potencialmente peligrosos y ser resistente a la colonización por biofilms bacterianos. Aunque esto no debería ser un problema para los catéteres que permanecen en su lugar por sólo dos o tres días, los que quedan por dos o tres meses presentan un desafío. Además, el contacto con los fluidos corporales no debe afectar a la actividad antimicrobiana, y lo más importante, los recubrimientos no deben fomentar la resistencia a los antibióticos. Es una tarea formidable.

Se han utilizado ingeniosas técnicas para tratar de producir recubrimientos que liberan agentes antimicrobianos de una manera controlada, pero sólo dos han llegado al mercado, uno con un recubrimiento que contiene plata y otra que contiene nitrofurazona.

Sin embargo,  un panel de expertos de la Infectious Diseases Society of America  ha llegado a la conclusión de que la evidencia es insuficiente para recomendar el uso de estos catéteres antimicrobianos. Llegaron a la conclusión de que la manera más eficaz de reducir la incidencia de la infección del tracto urinario asociada al  catéter es restringir el uso de los catéteres y eliminarlos lo más pronto posible.

Por desgracia, estas recomendaciones no logran satisfacer las necesidades de los muchos mayores y personas con discapacidad que tienen que depender de forma permanente en un catéter permanente y para los que no existe un sistema alternativo aceptable.

 

Fuente

M. Cifarelli

M. Cifarelli

Es Bioquimico de la Universidad Nacional del Sur (Bahia Blanca). Matricula Nacional: 10278.
Realizo la Residencia en Bioquímica Clínica en el Hospital de Clínicas – UBA. Contacto: mdcifarelli@gmail.com

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